jueves, 13 de mayo de 2010

Y pensé que la lluvia caería sobre ti,
jamás vi una gota,
tal vez la detuviste porque no era real,
tal vez la tempestad nunca fue tempestad,
quizás fueron solo nubes grises aparentando tormenta,
jamás vi una sola gota,
solo eran rayos.

En cambio en mi llovió de día y de noche,
muchas veces viste y sentiste caer el agua que yo broté sobre tus vestiduras,
eran saladas porque venían del mar
y aunque en mi hayan diluvios,
el mar nunca se vaciará,
él siempre quedará lleno,
tanto que rebosará.

No quiero que te empapes por tu lluvia,
ni siquiera quiero verte humedecido,
porque nadie merece ser abrazado por el dolor,
solo pedía constancia,
algo que nunca llegó.

Al contrario tú,
buscaste otras nubes en quienes cargar el vapor,
para que derramen por ti el dolor,
ese que tal vez jamás existió.

Ya no lloverá más en mi,
pero si vendrán tormentas al corazón,
las descargaré en mi mirada al penetrarla con la tuya,
para que sientas mi dolor.

Dolor que yo busque,
pero de ti jamás existió.

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